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10
Ago

Clarín: Una corriente cálida y solidaria

Desde chica colaboraba con la juventud católica en el Instituto Parroquial Cristo Obrero de Haedo, en plena zona oeste, con toda la efervescencia de esos tiempos, queriendo ayudar a los que menos tenían. También se relacionó con grupo cercanos al padre Mugica y deambuló ayudando en zonas carenciadas de Isidro Casanova y San Justo. Cristina Sánchez, 51 años, no llegó por casualidad ni por hobby a crear la Fundación Corriente Cálida Humanística en el 2007, de la que hoy es presidenta honoraria, y desde ahí a realizar acciones en hogares, geriátricos y comedores del barrio que la vio nacer, y a involucrarse, desde hace seis años, en la zona más alejada y postergada del Impenetrable chaqueño, para ayudar a wichís y criollos. El camino, ya desde chica, se fue vislumbrando con cada paso que dio y así descubrió su talento para realizar “prácticas empáticas”, (así las llama), esa capacidad cognitiva de percibir lo que otro individuo puede sentir.
Hija de un comerciante y un ama de casa, en su hogar de la infancia recuerda que tenía en el fondo una pequeña casita donde asistían a los inundados de Morón y donde se cocinaba puchero para ellos. Así, de pequeña, ese recuerdo le quedó grabado en el alma y continuó realizando obras. Luego se capacitó en temáticas de coaching y counseling y comenzó a dar talleres de desarrollo personal ya hace más de diez años, el puntapié para que los egresados constituyan esa “corriente cálida” y solidaria. “La persona que toma estos talleres tiene la oportunidad de conectarse con sus recursos internos y desplegar sus potenciales y ver la vida de una forma diferente -explica. Ellos empiezan a estar mejor con ellos mismos y ahí empezamos a trabajar con el enfoque hacia afuera, porque no vivimos solos, tenemos una familia, amigos, una sociedad. A partir de estar mejor con el contexto, la propuesta es dar un paso más por los que menos tienen, los que están olvidados, los que necesitan de una sonrisa, de una escucha”. Le preguntamos en qué se diferencia de otras tantas organizaciones sociales dedicadas a la ayuda y asistencia, y explica algo que nos remite a los orígenes del voluntariado. “Nosotros no hacemos beneficencia. No dejamos las cosas que llevamos en escuelas o instituciones. Entregamos todo en mano para verlos y tomar contacto con ellos. Vamos a ayudarlos en lo que necesitan y para eso tenemos que escucharlos antes”. Y luego, la pregunta más incisiva y desconfiada: ¿no tiene algo de sectario esta idea de sumar adeptos detrás de una causa noble que sigue a un referente “iluminado”, pastor o pastora?
Han recibido algunos de esos comentarios, pero no hay aquí nada de eso, explica. “Nuestra filosofía de vida es desde el autoconocimiento, centrándonos en el ser humano, y hacer lo que sea necesario para que tanto el que da como el que recibe ayuda, puedan tener crecimiento, transformación constante y aprendizaje basado en la experiencia”. Dice que la Fundación está dispuesta a recibir a toda persona de buena voluntad que se haya destacado en diversas disciplinas desarrolladas en beneficio de la comunidad. En su galpón en el centro de Morón, reciben donaciones de particulares y empresas: juntan herramientas, colchones, calzado, útiles escolares, alimentos no perecederos, ropa de abrigo, etc. El equipo de voluntarios entrega todo lo recaudado en forma personalizada y asignan los productos según las necesidades de cada familia en cada lugar. Este año, los espera un viaje muy especial a Tres Pozos, en El Impenetrable chaqueño, a 360 kilómetros de Castelli por monte espinoso. Además de entregar donaciones, tienen previsto inaugurar un Centro de integración comunitario, que tiene como propósito que wichís y criollos aprendan oficios como carpintería, plomería, albañilería, electricidad y tareas agrícolas. También responde a un pedido de ellos mismos: tener un lugar donde dialogar respecto a las situaciones de exclusión, maltrato y choque cultural que suelen atravesar. El año pasado estuvieron con los mapuches del paraje Pampa de Mallín Ahogado, a 22 kilómetros de El Bolsón, en plena Cordillera de Los Andes. El contacto con los caciques y los referentes de estas comunidades originarias es permanente, cuenta Cristina. Al comienzo eran muy tímidos con el abrazo o el beso en la mejilla. Fue pasando el tiempo y una vez en Miraflores, antes de llegar al monte, bajó de un micro el cacique wichí de Tres Pozos, Mario Tolaba, y le dio un enorme abrazo. “Ahí me di cuenta de que nos habían aceptado, relata. Ellos saben que respetamos su filosofía, su cultura, su forma de ver el mundo” y enfatiza: “Los voluntarios no van a dar sino también a recibir, no van a enseñar sino también a aprender, no van a llevar una ‘verdad revelada’ sino a encontrarse con quienes tienen mucho para contarnos y enseñarnos”. w

Fuente: http://www.clarin.com/opinion/Fundacion_Corriente_Calida-Moron-voluntariado-ayuda_solidaria-Tres_Pozos-Pampa_de_Mallin_Ahogado_0_1409259102.html

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